Oración de la noche del 5 de Noviembre

«Padre Celestial,

Al concluir este domingo, me acerco a Ti en la quietud de la noche. Con un corazón humilde, quiero ofrecerte mi arrepentimiento por las veces que hoy no he vivido conforme a Tu voluntad. Por las palabras que debí haber dicho y no dije, por las acciones que debí haber hecho y no hice, y por los momentos en que permití que mi egoísmo superara mi amor, te pido perdón, Señor.

Gracias, Padre misericordioso, por este día que termina. Gracias por los momentos de alegría, por las sonrisas compartidas, por el amor que he recibido y por las pequeñas victorias que, con Tu ayuda, he logrado. Gracias por estar a mi lado en cada paso, incluso cuando no era consciente de Tu presencia.

Mientras la noche envuelve el mundo y los corazones se aquietan, te pido que renueves mi espíritu y fortalezcas mi fe. Con la esperanza puesta en la nueva semana que comienza, te pido que me guíes en cada decisión, que me acompañes en cada desafío y que me inspires a vivir cada día en amor y servicio a los demás.

Que esta nueva semana sea una oportunidad para reflejar Tu amor en el mundo, para ser instrumento de Tu paz y para crecer en la gracia que me ofreces. Que cada día sea un nuevo comienzo, una nueva oportunidad para ser mejor, para amar más y para acercarme más a Ti.

Te lo pido en el nombre de Jesús, nuestro Señor y Salvador, que con su vida nos enseñó el camino del amor, del arrepentimiento y de la esperanza.

Amén.»

Reflexión

Mis queridos hermanos y hermanas,

Al cerrar este domingo, hemos elevado juntos una oración que es como un espejo del alma. En ella, hemos hablado de arrepentimiento, de agradecimiento y de esperanza. Tres hilos dorados que tejen la tela de nuestra vida espiritual.

El arrepentimiento es ese primer hilo. A veces, puede ser difícil mirar hacia atrás y reconocer nuestros errores. Pero, ¿saben? Hay una belleza en el arrepentimiento. Porque cada vez que nos arrepentimos, estamos diciendo: «Sé que puedo ser mejor». Y eso, queridos amigos, es un acto de fe en nosotros mismos y en la gracia de Dios.

El segundo hilo es el agradecimiento. ¿Se han dado cuenta de que, incluso en los días más difíciles, siempre hay algo por lo que dar gracias? Puede ser una sonrisa, un gesto amable, un momento de paz. Cuando damos gracias, abrimos nuestros corazones a la alegría y reconocemos la presencia de Dios en los detalles más pequeños de nuestra vida.

Y finalmente, la esperanza. Esa esperanza que nos impulsa a mirar hacia adelante, a soñar con un mañana mejor. La esperanza no es una ilusión; es una certeza basada en la fidelidad de Dios. Es saber que, pase lo que pase, no estamos solos; que cada nuevo amanecer es una nueva oportunidad que Dios nos da.

Así que, mientras nos preparamos para descansar esta noche y dar la bienvenida a una nueva semana, llevemos en nuestro corazón estos tres tesoros: el arrepentimiento que nos purifica, el agradecimiento que nos alegra y la esperanza que nos sostiene.

Que tengan una noche de paz y una semana llena de bendiciones.

Amén.

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