Oración de la mañana del 8 de Febrero

«Amado Señor, al alba de este nuevo día, con el despertar de la creación que proclama tu gloria, venimos ante Ti con corazones agradecidos y espíritus dispuestos. En esta mañana, queremos reflexionar sobre el don de la sabiduría, esa perla preciosa que nos guía a través de las complejidades de la vida y nos acerca más a Ti, fuente de todo conocimiento y verdad.

Padre Celestial, en tu Palabra encontramos la invitación a buscar la sabiduría más que a las riquezas, a valorarla más que al oro y a reconocerla como el principal bien. En Proverbios 3:13-18, nos recuerdas que ‘Dichoso el hombre que halla la sabiduría, el hombre que adquiere entendimiento, pues su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos, más que el oro fino. Es más valiosa que las perlas, nada de lo que desees se compara con ella.’

Te pedimos, Señor, que infundas en nuestros corazones el anhelo de esa sabiduría que viene de lo alto, una sabiduría que no solo engrandece el intelecto, sino que también enriquece el alma, fomenta la comprensión y promueve la paz. Que, guiados por tu Espíritu Santo, aprendamos a tomar decisiones que reflejen tu amor y tu justicia, y a vivir nuestras vidas de una manera que te honre y beneficie a los que nos rodean.

En este día, te rogamos por aquellos que enfrentan decisiones difíciles, por los líderes de nuestras comunidades y naciones, y por todos aquellos que buscan dirección y propósito. Que encuentren en Ti la luz que disipa toda oscuridad y el consejo que guía hacia caminos de rectitud y bienestar común.

Que nuestra búsqueda de sabiduría nos lleve también a un mayor conocimiento de Ti, Señor, y a una relación más profunda contigo. Que cada día sea una oportunidad para crecer en gracia, en comprensión y en amor.

Concede a todos nosotros un corazón sabio y entendido, que sepa valorar lo eterno sobre lo pasajero, lo espiritual sobre lo material, y el bien común sobre el interés personal.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, tu Hijo amado, en quien se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento.

Amén.»

«En el corazón de la sabiduría siempre encontraremos el amor de Dios»

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas, mientras nos reunimos en la luz de este nuevo día, siento el impulso de hablarles sobre un tema que es a la vez antiguo y eternamente relevante: la sabiduría. En nuestra oración de hoy, hemos buscado juntos esa sabiduría que es más preciosa que las perlas, más valiosa que el oro fino, y hemos reconocido que su fuente es el Señor mismo.

En un mundo inundado de información, donde el conocimiento está al alcance de la mano, podríamos pensar que la sabiduría es simplemente una cuestión de acumular datos o resolver problemas complejos. Sin embargo, la sabiduría bíblica nos habla de algo mucho más profundo: nos enseña a vivir de manera que reflejemos el carácter de Dios, a tomar decisiones que promuevan la paz, el amor y la justicia, y a entender cuál es el verdadero propósito de nuestra existencia.

La sabiduría es, en esencia, ver la vida y el mundo a través de los ojos de Dios. Es saber cuándo hablar y cuándo guardar silencio, cuándo actuar y cuándo esperar, cómo amar de manera incondicional y cómo ofrecer perdón de corazón. Esta sabiduría no se adquiere de un día para otro, sino que es el fruto de una relación viva y creciente con el Creador, de escuchar su voz en la oración, de meditar en su Palabra y de estar dispuestos a seguir su guía incluso cuando contradice nuestra lógica o nuestros deseos.

Hoy, les invito a que juntos pidamos esa sabiduría. Que no nos conformemos con ser eruditos en los asuntos del mundo, sino que aspiremos a ser sabios a los ojos de Dios. Que en cada decisión que tomemos, en cada palabra que pronunciemos, en cada acción que emprendamos, busquemos reflejar el amor, la compasión y la justicia del Señor.

Y ahora, querida comunidad, permitan que les deje con esta reflexión: «En el corazón de la sabiduría siempre encontraremos el amor de Dios». Que esta verdad guíe nuestros pasos hoy y en todos los días de nuestra vida.

Que el Señor les bendiga con una sabiduría que enriquezca su alma, guíe sus pasos y los lleve a vivir en plenitud según su voluntad divina. Que tengan un día bendecido, lleno de luz y de paz.

Amén.

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