Oración de la mañana del 23 de Septiembre

Padre Celestial, me presento ante Ti este nuevo día, inspirado por las palabras de tu Hijo Jesucristo quien dijo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28). Gracias por la promesa de paz y descanso en medio de la agitación de la vida.

Señor, te doy gracias por la protección de la noche pasada y por el regalo de un nuevo día. Ayúdame a enfrentar las preocupaciones y desafíos de este día con la confianza de que estás a mi lado, dándome descanso para mi alma. Permíteme recordar que no tengo que llevar mis cargas solo, sino que en Ti encuentro el alivio y la fortaleza que necesito.

Te pido que guíes mis pasos en cada decisión y acción que tome hoy. Que pueda ser un reflejo de tu amor y bondad en el mundo, para que aquellos que me rodean también puedan encontrar el descanso que prometes en tu palabra. Ayúdame a ser un instrumento de tu paz en mi hogar, en mi lugar de trabajo y en cada situación que enfrento.

Hoy, especialmente, quiero encomendarte mi salud y la de mi familia, así como cualquier otra carga que me esté pesando en el corazón. Confío en tu misericordia y en tu poder sanador. Te pido esto, no por mis méritos, sino por la gracia que fluye de la cruz de Cristo.

Gracias, Señor, por tu inagotable misericordia y por la renovación que proviene de acercarme a Ti. Con un corazón lleno de gratitud y fe, empiezo este día en tu nombre.

Amén.

Reflexión

La oración matutina que hemos considerado se arraiga en el pasaje bíblico de Mateo 11:28, donde Jesús nos invita a encontrar descanso en Él. Este versículo evangélico nos recuerda no sólo el carácter acogedor de Cristo sino también la propensión humana a estar «cansados y cargados». La oración abraza esta realidad humana, ofreciendo todo cansancio y preocupación al Señor al comienzo del día.

La belleza de esta oración radica en su total entrega a Dios. Reconoce nuestras limitaciones y el agotamiento que a menudo sentimos, y los coloca ante Dios para que Él haga su obra redentora. En ese sentido, la oración es más que un mero acto de devoción; es un acto de confianza total en la promesa divina de descanso y renovación. No sólo pedimos ayuda; nos ofrecemos como vehículos de la gracia de Dios para otros, implorando ser «instrumentos de tu paz» en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, la oración también muestra una comprensión equilibrada de la vida cristiana. Acepta que habrá desafíos («cualquier otra carga que me esté pesando en el corazón»), pero ve en estos desafíos una oportunidad para experimentar la gracia y el poder de Dios. En lugar de pedir un camino libre de obstáculos, pide la fortaleza y la sabiduría para caminar por el sendero que Dios ha establecido, confiando en que cualquier carga será más ligera si se lleva en comunión con Cristo.

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