Oración de la mañana del 20 de Septiembre

Oración Matutina basada en Isaías 40:28-31

¿No lo sabes, no has oído
que el Señor es un Dios eterno,
creador de los confines de la tierra?
No se cansa ni desfallece,
su inteligencia es inescrutable.
Da fuerza al cansado,
aumenta el vigor de los débiles.
Los jóvenes se cansan y se agotan,
una y otra vez tropiezan los mozos;
recobran, en cambio, su fuerza,
los que esperan en el Señor,
alzan su vuelo como las águilas;
corren pero no se cansan,
andan y no se fatigan.


Oh Señor, Dios Todopoderoso, inicio este día recordando tus palabras en el libro de Isaías, palabras que se han convertido en fuente de esperanza y fortaleza para muchos a lo largo de los tiempos. Tú, que eres el Creador del universo, de los cielos y la tierra, que has formado desde el imponente océano hasta la más diminuta flor, no te cansas ni te fatigas. Tu majestuosidad y tu poder son incomprensibles para mi mente humana, pero mi corazón se siente abrazado por Tu amor.

Hoy, en esta mañana, reconozco mi pequeñez y mi fragilidad ante la inmensidad de Tu creación. Muchas veces me he sentido desfallecer, sin fuerzas para continuar ante los desafíos que la vida presenta. Sin embargo, me aferro a la promesa que diste a tu pueblo en aquellos tiempos y que sigue siendo válida para todos nosotros hoy: que los que ponen su esperanza en Ti tendrán sus fuerzas renovadas.

Oh Padre, deseo ser como el águila que, a pesar de las tormentas, se eleva por encima de las nubes, usando el viento a su favor. Que pueda yo también, con tu ayuda, elevarme por encima de mis problemas y desafíos, no para huir de ellos, sino para enfrentarlos con una nueva perspectiva, con fe y con valentía, sabiendo que Tú estás conmigo.

Guíame en este día, Señor. Que cada paso que dé, cada decisión que tome, esté en consonancia con tu voluntad. Permíteme caminar en tu presencia, sabiendo que si voy contigo, nunca me cansaré ni desfalleceré. Confió plenamente en tu promesa, en la certeza de que estás a mi lado, dándome las fuerzas necesarias para seguir adelante.

En tus manos pongo este nuevo día, esperanzado en tu misericordia y en tu amor eterno, que nunca se agota. Te doy gracias por cada bendición y por cada prueba, porque sé que en todo, Tu mano guía y protege. En el nombre de Jesús,

Amén.

Reflexión

La oración que acabamos de leer, basada en las palabras de Isaías, nos lleva a una profunda reflexión sobre la magnitud del amor y el poder de Dios en contraste con nuestra inherente fragilidad humana. Es un recordatorio constante de cómo, a pesar de la grandeza inimaginable del Creador, Él aún se preocupa profundamente por cada uno de nosotros y está presente en los detalles más mínimos de nuestras vidas.

Lo más conmovedor es el reconocimiento de nuestra propia debilidad. En un mundo que a menudo valora la independencia y la autosuficiencia, admitir nuestra vulnerabilidad puede ser desafiante. Sin embargo, es precisamente en ese reconocimiento donde encontramos nuestra verdadera fuerza. Al apoyarnos en Dios, no estamos abdicando de nuestra responsabilidad o evadiendo los desafíos. En cambio, estamos reconociendo que con Él, podemos enfrentar cualquier adversidad con renovada resiliencia y esperanza.

Esta oración también destaca la importancia de la esperanza. La esperanza es una fuerza poderosa, un ancla para nuestras almas. Cuando ponemos nuestra esperanza en Dios, no estamos deseando ciegamente que las cosas mejoren; estamos confiando activamente en Su capacidad para hacer que todo obre para bien. En última instancia, esta oración es una invitación a confiar más plenamente en Dios, a recordar Su fidelidad pasada y a caminar hacia el futuro con una fe inquebrantable en Su amor y cuidado continuo.

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