Oración de la mañana del 17 de Febrero

«Padre Eterno, en la luz serena de este amanecer del 17 de febrero, venimos ante Ti con corazones agradecidos por el don de un nuevo día. Hoy, queremos reflexionar sobre el valor de la perseverancia, esa fuerza interior que nos impulsa a seguir adelante, incluso cuando el camino se torna difícil y nuestras fuerzas parecen flaquear.

Nos inspiramos en Tu Palabra, que nos enseña a “correr con perseverancia la carrera que tenemos por delante, fijando nuestros ojos en Jesús, el pionero y perfeccionador de la fe” (Hebreos 12:1-2). Ayúdanos, Señor, a comprender que la perseverancia es más que simplemente resistir; es avanzar con fe y confianza en Ti, sabiendo que cada paso nos acerca más a cumplir Tu voluntad para nuestras vidas.

Te pedimos, amado Dios, que nos otorgues la gracia de la perseverancia en todos los aspectos de nuestra existencia. En nuestro caminar espiritual, que nunca desfallezcamos en buscarTe, amarTe y servirTe. En nuestros desafíos personales y profesionales, que encontremos la fuerza para superar los obstáculos y ver en cada dificultad una oportunidad para crecer y aprender.

Que la perseverancia nos enseñe la valiosa lección de la paciencia y la humildad, recordándonos que el tiempo de Dios es perfecto y que Su plan para nosotros es de bien y no de mal, para darnos un futuro lleno de esperanza.

En este día, te pedimos especialmente por aquellos que se sienten desalentados o al borde del abandono. Que tu Espíritu Santo les infunda un nuevo ánimo, renovando su esperanza y fortaleciendo su determinación para seguir adelante. Que a través de nuestra comunidad de fe, puedan encontrar apoyo, entendimiento y amor.

Concede, Señor, que vivamos este día con un espíritu de perseverancia, llevando luz a la oscuridad, esperanza a la desesperación y amor a los corazones solitarios y heridos.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, nuestro Señor, que nos mostró el camino de la perseverancia hasta el fin.

Amén.»

«La perseverancia es el eco de la fe en el silencio de la espera»

Reflexión

Queridos amigos,

Hoy, mientras nos reunimos en la tranquilidad de esta mañana, siento el deseo de hablarles sobre una virtud que es esencial en nuestro viaje a través de la vida: la perseverancia.

La perseverancia es esa fuerza interior que nos mantiene en pie, incluso frente a las adversidades más grandes. Es lo que nos permite seguir adelante, paso a paso, día tras día, manteniendo la fe y la esperanza en que habrá un amanecer después de la noche más oscura.

En nuestra caminata espiritual, la perseverancia se manifiesta en nuestra constante búsqueda de Dios, en nuestro deseo de crecer en la fe y en nuestra capacidad para mantenernos firmes en nuestros compromisos, incluso cuando nos enfrentamos a dudas o desafíos. Es, en muchas maneras, una expresión de nuestra confianza en Dios y en Su plan para nuestras vidas.

Quiero animarlos hoy a mirar la perseverancia no como una carga, sino como un regalo. Es un regalo que nos permite descubrir nuestra verdadera fortaleza, que a menudo se revela en los momentos de mayor dificultad. Es también un recordatorio de que no estamos solos en nuestra lucha; Dios está siempre con nosotros, ofreciéndonos Su gracia y Su fuerza para superar cada obstáculo.

Puede que en este momento alguno de ustedes se sienta cansado, desalentado o incluso tentado a rendirse ante las pruebas de la vida. A ustedes, especialmente, quiero decirles: no pierdan la esperanza. La perseverancia que se cultiva en los momentos difíciles es la que más dulces frutos trae. Dios ve su lucha, conoce su dolor y está trabajando en sus vidas de maneras que quizás aún no puedan ver.

Así que, en este día, les pido que abran sus corazones a la gracia de la perseverancia. Que encuentren en ella la fuerza para seguir adelante, la fe para mirar hacia el futuro con esperanza y el amor para apoyarse mutuamente en nuestra común jornada hacia Dios.

Y para concluir, les dejo esta reflexión: «La perseverancia es el eco de la fe en el silencio de la espera». Que en ese silencio, puedan escuchar la voz suave y reconfortante de Dios, animándolos a seguir adelante, sin importar lo difícil que parezca el camino.

Que tengan un día bendecido, lleno de la paz y la fortaleza que solo Dios puede dar.

Amén.

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