Oración de la noche del 18 de Septiembre

Oración Nocturna de Protección Basada en el Evangelio de Mateo 28:20

Señor Jesús, al cerrar mis ojos en esta noche, encuentro consuelo en Tus palabras que nos prometen: «Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Es en este compromiso de tu presencia constante donde encuentro la certeza de Tu protección.

Cúbreme con Tu manto sagrado y guarda mi alma mientras duermo. Aleja de mí toda perturbación, miedo o ansiedad, y permíteme descansar en la paz que solo Tú puedes brindar. Que tus ángeles me rodeen, y que tu amor sea la fortaleza que me defienda de cualquier adversidad.

Te entrego mis preocupaciones y las de mi familia. Toma cada situación, cada problema, y colócalo bajo Tu soberano cuidado. En tus manos, Señor, dejo todo lo que me inquieta y todo lo que tengo que enfrentar mañana.

Te agradezco, Jesucristo, por ser mi refugio y fortaleza, por ser siempre fiel en tus promesas. Sé que en la sombra de tus alas encuentro refugio y seguridad. Como dice en el Salmo 91: «Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad».

Confiado en tu palabra y en tu amor incondicional, me dispongo a descansar esta noche. Que tu Espíritu Santo renueve mi ser mientras duermo, para que al despertar, esté listo para seguir siendo testimonio de tu luz en este mundo.

En el nombre de Jesucristo, mi Salvador y protector,

Amén.

Reflexión

La oración nocturna que acabamos de recitar nos lleva a meditar sobre la omnipresencia y omnipotencia de nuestro Señor Jesucristo. En medio de las tormentas de la vida, las preocupaciones diarias y las adversidades, es fácil olvidar que no estamos solos. Las palabras de Cristo, prometiendo estar con nosotros «hasta el fin del mundo», no son solo consuelo, sino también un recordatorio de que su protección y guía están siempre disponibles para nosotros, siempre que busquemos su rostro con un corazón sincero.

La referencia al Salmo 91 resalta la naturaleza protectora de Dios y cómo, bajo sus alas, encontramos refugio y seguridad. En un mundo que a menudo parece caótico e impredecible, la promesa divina de protección y amor incondicional es un ancla. Dormir con la certeza de que estamos protegidos por el amor de Dios nos permite descansar con verdadera paz, sabiendo que, pase lo que pase, Él tiene el control y que su plan para nosotros es siempre para nuestro bien. Es este conocimiento el que nos permite enfrentar cada nuevo día con esperanza y confianza.

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