Oración de la noche del 18 de Febrero

«Amado Dios, mientras nos reunimos en la tranquilidad de esta noche, al finalizar la semana y este primer domingo de Cuaresma, elevamos nuestras almas hacia Ti, buscando el sosiego y la reflexión que solo Tu presencia puede brindar. En este momento sagrado, queremos meditar sobre la importancia de la comunidad en nuestro camino espiritual, recordando las palabras de Tu Hijo, Jesucristo: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo con ellos” (Mateo 18:20).

Te damos gracias, Señor, por el don de la comunidad, por nuestros hermanos y hermanas en la fe con quienes compartimos la vida, las alegrías, las penas y el camino hacia Ti. En este tiempo de Cuaresma, ayúdanos a reconocer y valorar más profundamente el papel que cada uno juega en la edificación de Tu reino aquí en la tierra, recordándonos que estamos llamados a vivir no solo para nosotros mismos, sino los unos para los otros.

Inspíranos a fortalecer los lazos que nos unen, a ser instrumentos de Tu paz y amor en medio de nuestras comunidades. Que podamos ser testigos de Tu gracia, ofreciendo un hombro sobre el cual llorar, una palabra de aliento y un corazón dispuesto a escuchar y compartir.

En esta noche, te pedimos especialmente por aquellos que se sienten solos o aislados. Que puedan experimentar el calor de Tu amor a través de la acogida y el cuidado de la comunidad. Ayúdanos a ser un faro de esperanza y un refugio seguro para todos los que buscan Tu rostro.

Concede que, al concluir esta semana y avanzar en nuestro camino cuaresmal, podamos crecer en unidad, comprensión y compasión, reflejando cada día más claramente Tu amor y Tu bondad a un mundo que tanto lo necesita.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, nuestro Señor, que nos enseñó el valor inigualable de la comunión y el servicio.

Amén.»

«En la comunidad, encontramos el rostro de Dios reflejado en cada hermano y hermana»

Reflexión

Queridos amigos,

Al cerrar este día y esta semana, especialmente siendo el primer domingo de Cuaresma, quiero compartir con ustedes unas reflexiones sobre un tema que es fundamental en nuestra fe y en nuestra vida: la comunidad.

La comunidad es donde nuestra fe se vive, se prueba y se fortalece. Es en nuestra convivencia con los demás donde realmente tenemos la oportunidad de practicar el amor, la paciencia, el perdón y todas esas virtudes que Jesús vino a enseñarnos. Pero, ¿cuántas veces nos detenemos a pensar en el valor real de nuestra comunidad? ¿En cómo nuestra presencia y participación en ella no solo nos enriquece espiritualmente sino que también contribuye al crecimiento de los demás?

Este tiempo de Cuaresma nos invita no solo a la reflexión personal sino también a la reflexión comunitaria. A preguntarnos cómo podemos ser mejor parte de esa comunidad de fe que camina junta hacia Dios. Cómo podemos ser más acogedores, cómo podemos tender puentes, cómo podemos ser, en palabras y obras, el reflejo del amor de Cristo para los demás.

La comunidad es donde «dos o tres se reúnen en Su nombre», y Jesús nos promete que Él está allí con nosotros. Esta promesa debería llenarnos de alegría y también de responsabilidad. La responsabilidad de hacer de nuestra comunidad un verdadero espacio de encuentro con Dios y entre nosotros.

En este camino cuaresmal, los animo a mirar a su alrededor, a ver a sus hermanos y hermanas en la fe no solo como compañeros de banco en la iglesia, sino como compañeros de viaje en este camino hacia la Pascua. Cada uno con sus luchas, sus esperanzas y sus sueños, pero todos unidos por el mismo amor de Dios que nos convoca.

Que este tiempo de Cuaresma sea una oportunidad para fortalecer esos lazos que nos unen, para sanar las divisiones, para acoger al que se siente solo, para levantar al caído. Que podamos ser verdaderamente una comunidad que vive, celebra y testimonia el amor de Dios en el mundo.

Y para terminar, me gustaría dejarles esta reflexión: «En la comunidad, encontramos el rostro de Dios reflejado en cada hermano y hermana». Que esta verdad ilumine nuestro caminar en estos días de Cuaresma y siempre.

Que tengan una bendita noche de descanso, sabiendo que son parte de una comunidad que los valora, los ama y los necesita. Que Dios los bendiga y los guarde, ahora y siempre.

Amén.

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