Oración de la noche del 16 de Septiembre

Oración nocturna de arrepentimiento a Dios

Oh Señor, Dios de amor y misericordia, acudo ante Ti con un corazón arrepentido y humillado. Recordando las palabras del salmista: «Reconozco mi rebeldía, siempre tengo presente mi pecado» (Salmo 51:5), reconozco mis fallas y desvíos del día que termina. En la quietud de esta hora, pongo delante de Ti, Señor, cada palabra, acción y pensamiento que no te honró.

Señor, Tu Palabra nos enseña: «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Pero si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad» (1 Juan 1:8-9). Por ello, con humildad, te confieso mis faltas y busco tu perdón y gracia.

También recuerdo, Señor, aquellas palabras de esperanza en el profeta Joel: «Conviértanse a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos» (Joel 2:12). Así, con un corazón arrepentido, anhelo volver a Ti, sabiendo que eres un Dios que perdona y restaura.

Antes de cerrar mis ojos esta noche, me refugio en Tu misericordia, recordando las palabras del salmista: «Porque en Ti, Señor, he puesto mi esperanza; jamás permitirás que caiga en desgracia» (Salmo 31:1). Aunque he errado, tengo la certeza de que Tu amor y gracia son mayores que todos mis pecados.

En el nombre de Tu amado Hijo Jesucristo, quien con su sacrificio me redimió y me brindó el don del perdón, descanso en Ti, amado Dios.

Amén.

Reflexión

La oración que acabamos de recitar nos remite a un profundo sentido de introspección y autoconciencia. En ella, no solo se reconoce la naturaleza humana propensa al error, sino que se destaca el poder del arrepentimiento sincero. La Biblia, fuente inagotable de sabiduría, nos enseña que el reconocimiento de nuestras faltas y la humildad con que nos acercamos a Dios son fundamentales para recibir su perdón.

El salmista, en su búsqueda de redención, reconoce sus errores y se lamenta, pero no se queda en el pesar; busca el rostro misericordioso de Dios. Esta oración nos invita a hacer lo mismo: a no quedarnos atrapados en la culpa, sino a movernos hacia el amor y la gracia de Dios, que siempre están disponibles para aquellos que genuinamente buscan su perdón.

El profeta Joel nos recuerda la necesidad de un arrepentimiento sincero, no superficial. El ayuno, los llantos y lamentos mencionados simbolizan un corazón verdaderamente contrito, que busca no solo el perdón, sino también una transformación interna.

Que cada noche, al reflexionar sobre nuestro día, podamos mirar más allá de nuestros fallos y ver la promesa de redención y renovación que Dios nos ofrece. Porque, al final, no es tanto sobre lo que hicimos mal, sino sobre lo que Dios, en su infinita misericordia, está dispuesto a hacer por nosotros.

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