Oración de la noche del 14 de Febrero

«Señor Todopoderoso, en la quietud de esta noche de Miércoles de Ceniza, venimos ante Ti con corazones contritos, reflexionando sobre el inicio de este tiempo sagrado de Cuaresma. En este día, donde hemos recordado nuestra mortalidad y nuestra dependencia de Ti, te pedimos la gracia de vivir este período de manera que nos acerque más a Ti, a través de la reflexión, el arrepentimiento y la transformación personal.

Nos postramos ante Ti, conscientes de nuestras debilidades y fallas, y te pedimos perdón por las veces que hemos fallado en amarte a Ti y a nuestros prójimos. Que las cenizas que hemos recibido hoy sean un recordatorio de nuestra humildad y nuestra necesidad de Tu misericordia.

Te pedimos, Señor, que esta Cuaresma sea un tiempo para redescubrir nuestra fe, para profundizar en nuestra relación contigo y para renovar nuestro compromiso de seguirte más de cerca. Inspíranos a dedicar tiempo a la oración, a la meditación de Tu Palabra y a la recepción de los sacramentos, especialmente la Confesión y la Eucaristía.

Ayúdanos a reconocer las oportunidades para el ayuno, no solo de alimentos sino de palabras y acciones que dañan, y para la limosna, extendiendo nuestra mano a quienes más lo necesitan. Que nuestras obras de caridad reflejen Tu amor y compasión hacia todos.

En esta noche, te pedimos especialmente por aquellos que sienten el peso de la soledad, el sufrimiento o la desesperación. Que encuentren en Ti su consuelo y fortaleza, y en nuestra comunidad, un reflejo de Tu amor y acogida.

Señor, que este tiempo de Cuaresma nos prepare adecuadamente para la gran celebración de la Resurrección de Tu Hijo. Que a través de este camino cuaresmal, lleguemos a la Pascua con corazones purificados y renovados, listos para celebrar la victoria de la vida sobre la muerte.

Confiados en Tu infinita bondad y misericordia, te ofrecemos esta oración.

Amén.»

«Que la Cuaresma sea un espejo en el que nos veamos reflejados con honestidad, pero también con la esperanza de la transformación que Dios obra en nosotros»

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

En la serenidad de esta noche sagrada, nos hemos reunido al final de este Miércoles de Ceniza, un día que marca el inicio de nuestra jornada cuaresmal hacia la Pascua. Es un tiempo para detenernos, reflexionar y mirar hacia dentro, reconociendo nuestra fragilidad y nuestra necesidad de Dios.

La Cuaresma es un regalo, una oportunidad que Dios nos da para crecer, para cambiar, para volver a Él con todo nuestro corazón. En la oración de esta noche, hemos pedido la gracia de vivir este tiempo con un espíritu de verdadera conversión y renovación. Hemos sido llamados a recordar que, a pesar de nuestra mortalidad simbolizada en las cenizas, somos amados infinitamente por un Dios de misericordia y compasión.

Este tiempo de Cuaresma, queridos amigos, nos invita a hacer una pausa en nuestras vidas ocupadas, a reconsiderar nuestras prioridades y a reflexionar sobre el camino que estamos siguiendo. ¿Nos está llevando más cerca de Dios? ¿Estamos viviendo de una manera que refleja el amor y la compasión de Cristo hacia los demás?

Les animo a todos a abrazar las prácticas de la Cuaresma – la oración, el ayuno y la limosna – no como meros deberes, sino como medios para abrir nuestros corazones a Dios y a las necesidades de los demás. Que este tiempo sea una experiencia de encuentro profundo con el Señor, en el que podamos escuchar Su voz y sentir Su presencia sanadora en nuestras vidas.

No olvidemos que la Cuaresma es también un viaje comunitario. Nos apoyamos y animamos mutuamente en nuestro camino hacia la Pascua. Compartamos nuestras luchas y nuestros éxitos, sabiendo que juntos, como familia de fe, podemos ayudarnos a crecer en santidad.

Y mientras avanzamos en esta temporada sagrada, recordemos siempre el amor infinito de Dios, que nos invita a volver a Él y nos ofrece la promesa de la vida nueva en Cristo. Que este amor sea la fuente de nuestra esperanza y alegría, no solo durante la Cuaresma, sino todos los días de nuestra vida.

Para terminar, les dejo con esta reflexión: «Que la Cuaresma sea un espejo en el que nos veamos reflejados con honestidad, pero también con la esperanza de la transformación que Dios obra en nosotros».

Que tengan una noche bendecida, y que este tiempo de Cuaresma sea verdaderamente un tiempo de gracia y renovación para todos nosotros. Dios los bendiga.

Amén.

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