Oración de la mañana del 28 de Octubre

«Querido Señor,

Hoy, al despertar, mi corazón se llena de gratitud y mis pensamientos se dirigen hacia aquellas palabras que nos dejaste en el libro de Lamentaciones: «Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad» (Lamentaciones 3:22-23).

Padre celestial, gracias por este nuevo día que me regalas, por la oportunidad de ver la luz del sol, de respirar y de sentir tu presencia en cada rincón de mi vida. Reconozco que, a pesar de mis fallos y debilidades, tu misericordia nunca se agota y cada mañana me ofreces un nuevo comienzo.

Te pido, Señor, que me guíes en cada paso que dé hoy. Que pueda ser un reflejo de tu amor y bondad para aquellos con quienes me cruce. Ayúdame a recordar siempre que, sin importar los desafíos que enfrento, tu fidelidad y misericordia me acompañan, renovándose cada día.

Permíteme, Dios mío, ser un instrumento de tu paz en este mundo, y que pueda llevar esperanza a aquellos que la han perdido. Que pueda ser luz en la oscuridad y consuelo en medio del dolor, recordando siempre que tú estás a mi lado, sosteniéndome con tu mano poderosa.

Gracias, Señor, por este nuevo día y por la promesa de tu amor eterno. En el nombre de Jesús,

Amén.»

Reflexión

Hermanos,

¿No es maravilloso pensar que cada mañana, al abrir los ojos, Dios nos regala una nueva oportunidad? Es como si cada día, al despertar, tuviéramos un lienzo en blanco listo para ser pintado con nuestras acciones, decisiones y palabras. Y lo más hermoso es que, sin importar cómo hayamos pintado el día anterior, Él nos da la oportunidad de empezar de nuevo.

La oración que compartimos hoy nos recuerda esas palabras del libro de Lamentaciones, que nos hablan de la inagotable misericordia de Dios. ¡Qué consuelo saber que, pase lo que pase, Él siempre está dispuesto a darnos una nueva oportunidad! Es como ese amigo fiel que, sin importar cuántas veces lo hayamos decepcionado, siempre está allí, con los brazos abiertos, esperando para darnos un abrazo.

Amigos, no sé ustedes, pero a veces me olvido de esto. Me enredo en mis problemas, en mis preocupaciones, y olvido que tengo un Padre amoroso que me espera cada mañana con nuevas misericordias. Pero esta oración me lo recuerda, y espero que a ustedes también.

Así que, mientras avanzamos en nuestro camino, recordemos siempre dar gracias por cada nuevo día, por cada oportunidad que Dios nos da para ser mejores, para amar más, para perdonar y ser perdonados. Y si ayer no fue nuestro mejor día, no importa. Hoy es un nuevo comienzo, y Dios está aquí, esperando para caminar a nuestro lado.

«La vida es un constante volver a empezar, y en cada amanecer, Dios nos regala la oportunidad de hacerlo con amor y fe»

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