Oración de la mañana del 28 de Enero

«Señor Dios, en este radiante domingo, 28 de enero, día dedicado a Tu gloria y honor, me acerco a Ti con un espíritu de reverencia y amor. En esta mañana especial, quiero reflexionar y orar sobre la comunidad, esa unión sagrada que nos une como hermanos y hermanas en Cristo.

En Tu Palabra, en Hechos 2:42-47, leemos sobre la primera comunidad cristiana, unida en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partir el pan y las oraciones. Esta descripción de unidad y amor mutuo es un faro de inspiración para nosotros hoy. Te pido, amado Padre, que fortalezcas los lazos de nuestra comunidad. Ayúdanos a ser un reflejo de ese amor y esa unidad primerizos, donde cada miembro es valorado, cada necesidad es atendida y Tu amor es el vínculo que nos une.

Señor, te ruego que nuestra comunidad sea un lugar de acogida, donde cada persona, independientemente de su pasado o sus circunstancias, pueda encontrar un hogar espiritual. Que en nuestra comunión, las diferencias sean celebradas y las similitudes sean la base para una comprensión más profunda.

En este día del Señor, reaviva en nosotros el deseo de servir, de compartir y de amar. Que nuestras acciones y palabras sean un testimonio de Tu gracia y Tu bondad. Que en nuestra reunión dominical, nos recordemos mutuamente de Tu sacrificio en la cruz, y de la esperanza y salvación que nos ofrece.

Te pido también por aquellas comunidades que están sufriendo, divididas o en conflicto. Que encuentren en Ti, Señor, la paz y la sabiduría para superar sus desafíos y reconstruir la armonía y el amor.

Al comenzar este día, coloco ante Ti todas nuestras actividades, nuestros servicios y nuestros momentos de comunión. Que en todo lo que hagamos y digamos, glorifiquemos Tu nombre y edifiquemos a nuestros hermanos y hermanas en la fe.

Por Cristo, nuestro Señor,

Amén.»

«En la comunidad encontramos la fuerza para ser nosotros mismos y el amor para ser uno con los demás»

Reflexión

Querida comunidad de fe, en este hermoso domingo 28 de enero, nos reunimos para celebrar y honrar al Señor, y quiero aprovechar esta ocasión especial para hablarles sobre un tema muy cercano a mi corazón: nuestra comunidad cristiana.

La comunidad, mis queridos hermanos y hermanas, es mucho más que un grupo de personas que se reúnen. Es una familia espiritual, unida en amor y fe. Como leemos en Hechos 2, la primera comunidad cristiana vivía en una comunión profunda, compartiendo no solo sus recursos, sino también sus corazones y sus vidas.

En nuestro mundo actual, a menudo nos encontramos aislados o desconectados, incluso dentro de nuestras propias iglesias. Pero hoy, les invito a reflexionar sobre el significado de la comunidad. ¿Cómo podemos, como cuerpo de Cristo, vivir esa unidad y amor que caracterizaba a los primeros cristianos?

La comunidad es donde compartimos nuestras alegrías y nuestras cargas, donde aprendemos a amar como Jesús amó, y donde encontramos fuerza en los momentos de debilidad. Es también donde aprendemos a aceptar y a perdonar, a dar sin esperar recibir, y a apoyarnos mutuamente en nuestro caminar con Cristo.

En este día del Señor, les animo a mirar a su alrededor. Vean a sus hermanos y hermanas en Cristo no solo como compañeros de banco, sino como miembros de su familia espiritual. Pregúntense: ¿Cómo puedo contribuir a esta comunidad? ¿Cómo puedo ser un instrumento de amor y unidad?

Y para aquellos que se sienten solos o marginados, quiero decirles: hay un lugar para ustedes aquí. Son una parte valiosa de esta comunidad, y juntos, podemos reflejar el amor y la luz de Cristo en un mundo que tanto lo necesita.

Para concluir, les dejo con esta reflexión: «En la comunidad encontramos la fuerza para ser nosotros mismos y el amor para ser uno con los demás». Que esta idea nos guíe y nos inspire a construir una comunidad de fe más fuerte y amorosa. Que Dios les bendiga en este hermoso día del Señor.

Amén.

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