Oración de la mañana del 26 de Septiembre

Oración matutina de sanación

Padre celestial, en el amanecer de un nuevo día, vengo ante ti con un espíritu de gratitud y esperanza. Agradezco por la vida, por cada respiro que tomo, y por las infinitas bendiciones que derramas sobre mí. Hoy me encuentro en necesidad de tu sanación, en cuerpo, mente y espíritu. Tal como se relata en el Evangelio de San Mateo, donde Jesús «recorría toda Galilea… sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo» (Mateo 4:23-24), te pido que extiendas tu mano sanadora sobre mí.

Tócame con tu amor divino, que es la fuente de toda restauración. Elimina cualquier dolencia que me aflige, y dame fuerza para superar los desafíos que se presentan en mi camino. Si en tu sabiduría encuentras necesario que atraviese este tiempo de sufrimiento, te pido que me des la gracia para aceptarlo y encontrar en él una vía de purificación y acercamiento a ti.

Asimismo, te pido que tu sanación alcance a aquellos que amo y que también enfrentan dificultades físicas o emocionales. Que ellos también sientan tu presencia reconfortante, «porque yo soy el Señor, tu sanador» (Éxodo 15:26). Permítenos recordar que, en nuestras fragilidades, nos haces fuertes, y que en nuestras dolencias, nos ofreces oportunidades para un encuentro más íntimo contigo.

Confío en tu amor y misericordia, y pongo mi salud y bienestar en tus manos amorosas. Sana mi cuerpo, refresca mi mente, y renueva mi espíritu para que pueda servirte con todo mi ser.

Te lo pido en el nombre de Jesús, el gran sanador y salvador,

Amén.

Reflexión

La oración de sanación que acabamos de considerar toca lo más profundo del anhelo humano por el bienestar integral: físico, emocional y espiritual. Al hacerlo, recuerda verdades fundamentales acerca del poder y el amor de Dios que se reflejan en las Escrituras. Se citan pasajes como Mateo 4:23-24 y Éxodo 15:26, reafirmando que la sanación es una parte integral del ministerio de Jesucristo y de la naturaleza misma de Dios.

La oración comienza con un sentido de gratitud. Este acto de agradecer a Dios incluso antes de pedirle algo establece un tono de humildad y reconoce la soberanía de Dios sobre nuestra vida. La gratitud es el preámbulo perfecto para cualquier petición, ya que nos sitúa en un estado de apertura al recibir la gracia divina.

Se pide la sanación, no solo para uno mismo sino también para los seres queridos. Esto refleja el mandamiento divino de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y nos recuerda que la oración, aunque personal, nunca es un acto aislado sino que tiene implicaciones comunitarias. Además, al pedir que la gracia de Dios llegue a los demás, estamos reconociendo y honrando el carácter inclusivo y amoroso de Dios, quien desea el bienestar de toda la creación.

Finalmente, la oración toca un punto muy delicado: la posibilidad de que el sufrimiento sea parte del plan divino para nosotros. Al abrirnos a esta posibilidad, nos preparamos para recibir la gracia en medio de la adversidad y para encontrar un sentido divino incluso en las situaciones más difíciles.

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