Oración de la mañana del 18 de Febrero

«Padre Santo, en este primer domingo de Cuaresma, nos reunimos en oración para acercarnos más a Ti, reflexionando sobre nuestras vidas y nuestro camino espiritual. En este tiempo sagrado de preparación para la Pascua, te pedimos la gracia de la introspección y la renovación, para que podamos enfrentar nuestras tentaciones y superar nuestras debilidades con la fuerza que solo Tú puedes proporcionar.

Te agradecemos, Señor, por este tiempo de Cuaresma, un tiempo para recordar Tu amor infinito, demostrado a través del sacrificio de Tu Hijo, Jesucristo. Ayúdanos a entender profundamente el significado de Su pasión, muerte y resurrección, y a vivir de acuerdo con las enseñanzas que nos dejó.

En este día, queremos poner ante Ti nuestras luchas y tentaciones, al igual que Jesús enfrentó las suyas en el desierto. Danos la sabiduría para reconocer las tentaciones en nuestras vidas y la fortaleza para resistirlas, confiando siempre en Tu palabra y en Tu promesa de estar con nosotros en cada paso del camino.

Inspíranos a utilizar este tiempo de Cuaresma para crecer en la fe, la esperanza y el amor. Que podamos ser generosos en la oración, el ayuno y la limosna, buscando no solo nuestra transformación personal, sino también el bienestar de aquellos que nos rodean, especialmente los más necesitados y marginados.

Te pedimos que nos guíes en nuestro viaje cuaresmal, para que, al igual que Jesús se retiró al desierto para orar y prepararse para Su ministerio, nosotros también podamos encontrar momentos de silencio y oración que nos acerquen más a Ti.

Concede que este tiempo de Cuaresma sea un periodo de verdadera conversión, en el que dejemos atrás todo lo que nos aleja de Ti y caminemos hacia una nueva vida en Cristo.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, nuestro Salvador, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.»

«La Cuaresma nos recuerda que la verdadera vida comienza cuando nos abrimos al amor transformador de Dios»

Reflexión

Queridos amigos,

Hoy, en este primer domingo de Cuaresma, nos reunimos como comunidad para comenzar juntos este tiempo de preparación y reflexión. La Cuaresma es un regalo, una oportunidad que se nos da cada año para detenernos, mirar hacia dentro y preguntarnos cómo estamos viviendo nuestra fe.

La Cuaresma nos invita a seguir el ejemplo de Jesús, quien, antes de comenzar su ministerio público, se retiró al desierto para orar y ayunar durante cuarenta días. Este tiempo en el desierto fue un periodo de prueba, pero también de profunda unión con el Padre. De manera similar, la Cuaresma nos ofrece la oportunidad de profundizar en nuestra relación con Dios, enfrentando nuestras propias «tentaciones» y trabajando para superarlas con la ayuda de Su gracia.

Este tiempo sagrado es una invitación a la conversión, a cambiar aquellos aspectos de nuestra vida que nos alejan de Dios. Es un momento para reflexionar sobre nuestro compromiso con el Evangelio y para preguntarnos cómo podemos vivir más plenamente el mandamiento del amor.

Durante estos cuarenta días, se nos llama a practicar la oración, el ayuno y la limosna de manera más intensa. Cada una de estas prácticas nos ayuda a abrir nuestro corazón a Dios y a los demás. La oración nos conecta con Dios, el ayuno nos ayuda a controlar nuestros deseos y apetitos, y la limosna nos abre a las necesidades de los demás.

Quisiera animarlos a tomar este tiempo de Cuaresma como una verdadera oportunidad de crecimiento espiritual. No se trata solo de cumplir con ciertas prácticas externas, sino de permitir que estas prácticas transformen nuestro corazón.

Que este tiempo cuaresmal sea para todos nosotros un camino de renovación y de esperanza, recordándonos que, a pesar de nuestras debilidades y fallos, somos profundamente amados por Dios y llamados a vivir una vida nueva en Cristo.

Y para terminar, me gustaría dejarles esta reflexión: «La Cuaresma nos recuerda que la verdadera vida comienza cuando nos abrimos al amor transformador de Dios». Que este amor sea la guía de nuestro camino cuaresmal, llevándonos hacia la alegría y la esperanza de la Pascua.

Que tengan una bendecida Cuaresma, llena de gracia, conversión y crecimiento espiritual. Dios los bendiga a todos.

Amén.

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