Oración de la mañana del 16 de Septiembre

Basada en el libro de Lamentaciones 3:22-23 – «Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.»

Oh Señor, al despertar en este sereno sábado, medito en la profundidad de Tu amor y misericordia, y en cómo Tu fidelidad se manifiesta en mi vida día tras día. Agradezco por este nuevo amanecer, una muestra más de que tus misericordias son renovadas cada mañana.

Guíame a través de este día, Padre, para que pueda reflejar Tu amor y fidelidad en cada paso que dé, en cada palabra que pronuncie, y en cada interacción que tenga con los demás. Que este sábado no sea solo un descanso físico, sino también un renovar de mi espíritu y mi relación contigo.

Reconozco, Señor, que en ocasiones me distraigo con las preocupaciones y afanes de este mundo, pero hoy quiero enfocar mi mente y corazón en Tu promesa, recordando que cada mañana es una oportunidad para experimentar Tu amor y gracia de maneras inesperadas.

Que este día sea un testimonio de Tu presencia en mi vida y que, a través de mis acciones y palabras, otros puedan sentir la calidez y consuelo de Tu misericordia. En el nombre de Jesús,

Amén.

Reflexión

La oración nos recuerda un hecho fundamental de nuestra fe: la inquebrantable fidelidad de Dios hacia nosotros. No importa cuántas veces nos distraigamos, fallemos o nos desviemos de nuestro camino espiritual, Su misericordia siempre está presente, esperando que volvamos a Él. Es un recordatorio poderoso de que no estamos solos en nuestra jornada, sino que somos acompañados por un amor que no conoce límites ni condiciones.

El pasaje de Lamentaciones nos invita a contemplar una imagen muy vívida: que cada amanecer es un acto de amor divino. Imaginemos por un momento que cada rayo de sol que penetra nuestra ventana al despertar es un mensaje directo de Dios, diciéndonos: «Aquí estoy de nuevo, amándote, creyendo en ti, esperando lo mejor de ti». Es una invitación a comenzar de nuevo, con renovada esperanza y vigor, independientemente de los errores del pasado.

Esta oración no solo es un acto de gratitud, sino también un compromiso. Al reconocer la misericordia de Dios y su renovación constante en nuestras vidas, nos sentimos llamados a ser reflejo de esa misericordia hacia los demás. Convertirse en testimonio vivo del amor de Dios no es una tarea fácil, pero con su guía y acompañamiento, es un camino lleno de bendiciones y propósito.

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