Oración de la mañana del 16 de Febrero

«Padre Celestial, al despertar a la luz de este nuevo día, el 16 de febrero, nos acercamos a Ti con un espíritu de renovación y esperanza. Gracias por el regalo de este nuevo amanecer, que nos recuerda Tu fidelidad y Tu amor inagotable hacia nosotros. En este día, queremos reflexionar sobre la importancia de la humildad en nuestras vidas, esa preciosa virtud que Tú, Señor, valoras por encima de todas.

Señor, en Tu Palabra nos has enseñado que «Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes» (Santiago 4:6). Ayúdanos a comprender la profundidad de estas palabras y a vivirlas en nuestra cotidianidad. Que la humildad se convierta en el cimiento de nuestras acciones, pensamientos y relaciones, permitiéndonos reconocer nuestras propias limitaciones y necesidades, así como el valor y la dignidad de cada persona que nos rodea.

Te pedimos, amado Padre, que nos enseñes a mirar a los demás con ojos llenos de amor y compasión, a servir sin esperar nada a cambio, a colocar las necesidades de los demás antes que las nuestras. Que en nuestra búsqueda de humildad, encontremos la verdadera grandeza que reside en el servir, tal como Jesús nos enseñó con su vida.

Inspíranos a practicar la humildad en cada aspecto de nuestro ser, recordándonos que todo lo que tenemos y todo lo que somos es un regalo de Tu gracia. Ayúdanos a evitar la vanidad y el orgullo, y a acercarnos más a Ti y a nuestros hermanos y hermanas con un corazón puro y humilde.

Concede a nuestra comunidad la sabiduría para valorar y cultivar la humildad, reconociendo que es el camino hacia una vida plena y verdadera en Tu presencia. Que este día sea una oportunidad para demostrar con hechos concretos nuestro deseo de vivir según Tu voluntad, sirviendo y amando a los demás como Tú nos has amado.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, nuestro Maestro y ejemplo supremo de humildad.

Amén.»

«La humildad es el espejo del alma que refleja la luz de Dios»

Reflexión

Queridos amigos,

En la frescura de esta mañana, me siento movido a hablarles de una virtud que, aunque a menudo se pasa por alto en nuestro mundo moderno, es fundamental para vivir una vida que refleje verdaderamente el amor y la bondad de Dios: la humildad.

La humildad es esa joya rara que brilla con más fuerza cuando menos se la busca para sí misma. Es el suelo fértil en el que crecen la compasión, el servicio y el verdadero amor por los demás. En un mundo que a menudo valora el éxito individual y el reconocimiento por encima de todo, la humildad nos llama a recordar que somos parte de algo más grande, que nuestra verdadera identidad se encuentra en ser hijos e hijas de Dios, y no en nuestros logros o posesiones.

La humildad nos enseña a mirar a los demás no como competidores, sino como compañeros de viaje, cada uno con su propia historia, luchas y sueños. Nos invita a servir sin esperar reconocimiento, a amar sin condiciones, a dar sin contar el costo. En la vida de Jesús, encontramos el ejemplo perfecto de humildad. A pesar de ser Dios mismo, se despojó de todo privilegio y poder para servir, e incluso dar su vida por nosotros.

Hoy, les invito a reflexionar sobre cómo pueden incorporar la humildad en su vida diaria. ¿Cómo pueden servir a los demás de manera desinteresada? ¿Cómo pueden mostrar amor y aprecio por las personas en su vida, reconociendo su valor y dignidad?

Que esta jornada sea una oportunidad para practicar la humildad, recordando que en el reino de Dios, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos. Que nuestro deseo no sea ser reconocidos y exaltados, sino ser fieles, serviciales y amorosos, sabiendo que nuestro valor no proviene de lo que el mundo piensa de nosotros, sino de lo que somos ante los ojos de Dios.

Y para terminar, les dejo con esta reflexión: «La humildad es el espejo del alma que refleja la luz de Dios». Que nuestra vida sea ese espejo, mostrando al mundo la luz y el amor de nuestro Creador.

Que tengan un día bendecido, lleno de oportunidades para crecer en humildad y amor.

Amén.

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