Oración de la mañana del 10 de Noviembre

«Padre amoroso que estás en los cielos,

En la frescura de esta mañana, nos acercamos a Ti con corazones llenos de esperanza y con nuestros pensamientos puestos en la familia, ese regalo precioso que nos has confiado.

Te damos gracias por cada miembro de nuestra familia, por los momentos compartidos, las risas, las lágrimas, y el amor que nos une. Te pedimos especialmente por nuestros hijos, tanto aquellos que están bajo nuestro techo como los que han extendido sus alas y vuelan lejos de casa.

Bendice, Señor, a los hijos que están con nosotros; protégelos en cada paso que dan, guía sus decisiones y fortalece su fe. Que encuentren en nuestro hogar un lugar de comprensión, apoyo y amor incondicional.

Por los hijos que están lejos, te pedimos que tu amor los envuelva dondequiera que estén. Manténlos seguros, llénalos de sabiduría y sé Tú su consuelo y guía en la distancia. Que sientan siempre el calor de su hogar, sin importar cuán lejos se encuentren.

Te rogamos por la unidad de nuestras familias. Que las distancias físicas no se conviertan en distancias del corazón. Ayúdanos a mantener los lazos del amor y la comunicación siempre fuertes, a través de palabras de aliento, gestos de cariño y oraciones compartidas.

Confiados en tu providencia, te encomendamos las necesidades de cada uno de nuestros seres queridos. Provee para ellos, no solo en lo material, sino también en lo espiritual y emocional, y que juntos podamos crecer en gracia ante tus ojos.

Por Jesucristo, nuestro Señor, que nos enseñó a vivir como una familia unida en el amor.

Amén.»

Reflexión

Querida familia en Cristo,

Al comenzar este nuevo día, hemos elevado nuestros corazones en una oración por la familia, ese pequeño cielo en la tierra que el Señor nos ha dado. Y es que, ¿qué es nuestra familia sino ese primer lugar donde aprendemos a amar, a compartir, a perdonar y a crecer juntos en la fe?

Hoy hemos puesto en las manos de Dios a nuestros hijos, esos tesoros que nos han sido confiados. Para algunos de nosotros, esos hijos están todavía en casa, llenando cada rincón con su energía y sus sueños. Para otros, nuestros hijos han tomado sus propios caminos, quizás en ciudades lejanas o incluso en otros países. Pero no importa la distancia, porque el amor no conoce de kilómetros, y nuestras oraciones tienen alas que llegan hasta donde ellos están.

Esta oración matutina es un recordatorio de que, aunque no podamos estar siempre físicamente con nuestros hijos, podemos envolverlos con nuestro amor y nuestras oraciones. Es también un acto de fe, confiando en que Dios cuida de ellos incluso mejor de lo que nosotros podríamos hacerlo.

Pero, ¿saben? Esta oración también es un espejo que nos muestra a nosotros mismos. Nos recuerda que cada uno de nosotros es también hijo o hija. Algunos con padres aún en este mundo, otros quizás ya en la presencia de Dios. Y así como pedimos por nuestros hijos, también somos recordados de la ternura con la que Dios nos mira a cada uno de nosotros, sus hijos amados.

Así que hoy, mientras seguimos con nuestras labores, llevemos en el corazón esa imagen de Dios como un Padre amoroso que nos cuida, que cuida a nuestros hijos, y que mantiene unida a nuestra familia con lazos de amor eterno.

Que esta reflexión nos acompañe durante el día, y que cada vez que pensemos en nuestros hijos, elevemos una pequeña oración, un suspiro de amor que seguro llegará al cielo.

Con todo mi cariño y mis bendiciones para cada uno de ustedes y sus familias,

Amén.

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