Oración de la mañana del 10 de Marzo

«Amado Padre Celestial, al abrir nuestros ojos a la luz de este nuevo día, el 10 de marzo, venimos ante Ti con corazones agradecidos por el don de la vida y por la oportunidad de ser tus hijos e hijas. En este último día de la semana, queremos reflexionar sobre la importancia del servicio desinteresado a los demás, un tema que Jesús vivió y enseñó con su propio ejemplo, especialmente en el Evangelio según San Mateo, capítulo 20, versículos 26-28, donde nos enseñas que «el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro esclavo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos».

Señor, te pedimos que nos inspires a vivir con un espíritu de servicio, a mirar más allá de nuestras propias necesidades y deseos, y a ver las oportunidades que nos rodean para servir a los demás. Que podamos reconocer a Cristo en cada persona que encontramos, especialmente en aquellos que son más vulnerables y necesitados, y que nuestra ayuda sea un reflejo de tu amor y tu compasión.

Ayúdanos a entender que el verdadero significado de la grandeza no se encuentra en el poder ni en la posición, sino en la capacidad de amar y servir a los demás sin esperar nada a cambio. Que este día esté lleno de actos de bondad y servicio, y que cada gesto de amor se convierta en una oración viva que te alaba y glorifica.

Concede, Señor, que al concluir esta semana, podamos mirar atrás y ver las huellas de tu amor en cada paso que hemos dado, sabiendo que en el servicio a los demás encontramos nuestra verdadera vocación y cumplimos con el propósito para el cual nos has creado.

Amén.»

«He vivido no para mí mismo, sino para otros; y en este servicio, he encontrado mi alegría y mi propósito.»

Reflexión

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Nos hemos reunido en este hermoso amanecer del 10 de marzo para dar inicio a un nuevo día, el último de esta semana, que Dios nos ha concedido. Hoy, quisiera hablarles sobre un tema que, aunque es central en las enseñanzas de Jesús, a veces podemos pasar por alto en la agitación de nuestra vida cotidiana: el servicio desinteresado a los demás.

En el Evangelio según San Mateo, Jesús nos recuerda que la verdadera grandeza no se mide por cuánto poder ejercemos o cuántas riquezas acumulamos, sino por nuestra disposición a servir a los demás. «El que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro esclavo», nos dice. Estas palabras van en contra de lo que el mundo a menudo valora, pero son el corazón del mensaje del Evangelio.

Servir a los demás no siempre es fácil. Requiere de nosotros que pongamos las necesidades de los demás antes que las nuestras, que a veces hagamos sacrificios y que demos de nosotros mismos sin esperar reconocimiento o recompensa. Sin embargo, es en este acto de dar donde encontramos nuestra verdadera identidad como seguidores de Cristo.

Quisiera invitarlos, en este día, a buscar maneras concretas de servir a aquellos que nos rodean. Puede ser algo tan simple como una palabra de ánimo, una mano amiga, o un acto de bondad hacia un extraño. Cada uno de estos actos es una expresión de amor que refleja la presencia de Dios en el mundo.

Recuerden, queridos amigos, que cada vez que servimos a los demás, estamos sirviendo a Cristo mismo. Él está presente en cada persona que encontramos, especialmente en los más necesitados. Al final del día, y al final de nuestra vida, no serán nuestras riquezas o nuestros logros personales lo que realmente importe, sino cómo hemos amado y servido a los demás.

Al concluir esta semana, que nuestros corazones se llenen de gratitud por las oportunidades que hemos tenido de servir y amar. Que cada acto de servicio sea una semilla de esperanza y amor que crezca y florezca en el jardín del Reino de Dios.

Y que al mirar hacia atrás, podamos decir con confianza: «He vivido no para mí mismo, sino para otros; y en este servicio, he encontrado mi alegría y mi propósito».

Que el Señor los bendiga y los mantenga siempre en su amor, inspirándolos a vivir cada día en servicio a Él y a sus hijos.

Amén.

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