Oración de la mañana del 1 de Octubre

Señor Dios, al comenzar este nuevo día, me presento ante Ti con un corazón agradecido y dispuesto a escuchar Tu palabra. Las lecturas de este domingo me recuerdan la profundidad de Tu justicia y misericordia, y la importancia de una fe auténtica que se refleje en mis acciones.

Padre celestial, en la profecía de Ezequiel, me hablas de la verdadera justicia, que no se basa solo en palabras, sino en la transformación del corazón. Ayúdame a ser sincero en mi relación contigo, a reconocer mis faltas y a buscar siempre Tu camino de amor y verdad.

En el salmo, me invitas a caminar con lealtad y humildad, reconociendo Tu misericordia eterna. Que pueda, en este día, reflejar esa lealtad en mis acciones y decisiones, y recordar siempre que Tu amor y misericordia me acompañan en cada momento.

Señor Jesús, la parábola de los dos hijos me desafía a ser auténtico en mi fe. Que no me quede solo en palabras, sino que busque siempre actuar conforme a Tu voluntad. Ayúdame a ser coherente entre lo que digo y lo que hago, y a buscar siempre la autenticidad en mi relación contigo.

Padre amado, en este día, te pido que me guíes y me fortalezcas. Que pueda ser un reflejo de Tu amor y justicia en el mundo, y que, a través de mis acciones, otros puedan conocer Tu bondad y misericordia. Te lo pido en el nombre de Jesús, nuestro Señor y Salvador.

Amén.

Reflexión


La oración matutina basada en las lecturas del día nos lleva a reflexionar sobre la esencia de nuestra fe y la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. En un mundo donde las palabras a menudo se desvinculan de las acciones, la parábola de los dos hijos nos recuerda la importancia de la autenticidad. Decir «sí» a Dios no es simplemente un acto verbal, sino una decisión que debe manifestarse en nuestras acciones diarias, en cómo tratamos a los demás y en cómo enfrentamos los desafíos de la vida.

La misericordia de Dios, como se destaca en el salmo, es un recordatorio constante de su amor incondicional hacia nosotros, incluso cuando fallamos. Esta gracia divina no es una licencia para la complacencia, sino una invitación a acercarnos a Él con un corazón arrepentido y dispuesto a cambiar. Cada día nos brinda la oportunidad de vivir con autenticidad, buscando la justicia y el amor en nuestras acciones, y reflejando la misericordia y bondad de Dios en el mundo que nos rodea.

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